--Dos cosas suceden en las mentes de casi todos los hombres y mujeres quienes por medio de la muerte han perdido a un amigo cercano. Primero, ya sea que la persona crea o no en el cielo o el infierno, o se le ha dicho que la muerte es el fin de todo pensamiento y sentimiento por el que se ha ido, él se encuentra de nuevo preguntándose, “¿dónde están los muertos?” de tal manera como para demostrar que realmente no se ha impresionado por cualquiera de las dos respuestas comunes. Segundo, él ve con claridad que la mayor tristeza de la muerte viene de la realización de que algo de importancia quedó incompleta entre él y el que ahora está separado; él desea creer que puede haber alguna forma en que al conocer o amar a la otra persona pueda continuar hacia una mejor adaptación o realización.
--Es porque estas dos cosas suceden en la mente del hombre cuando se enfrenta con la muerte de un amigo que el punto de vista teosófico llega a ser una cosa natural para considerarse seriamente. Puesto que Teosofía sostiene que para cada alma humana hay una evolución continua, que no hay un cielo o infierno final, y que todos los que mueren regresan de nuevo a la tierra donde pueden, de acuerdo a la ley natural, recobrar los amigos perdidos y proceder a avanzar en su desarrollo, así como profundizar en los vínculos de entendimiento que sólo han sido temporalmente separados por la disolución del cuerpo físico.
--El teósofo siente que es a la vez triste e innecesario que las preguntas naturales acerca de la muerte queden sin alguna esperanza de respuesta razonable. Muchos de los que hablan de la ciencia como el único tipo de conocimiento real dicen que no hay ninguna base científica en la esperanza de que el hombre pueda vivir otra vida en la tierra. Pero la “ciencia” que hoy en día conocemos, de acuerdo a los mismos más grandes científicos, solamente trata con una muy pequeña parte de las cosas que se deben entender. Todo lo que un científico puede decir es que todavía no ha encontrado la manera de probar que el alma vive cuando el cuerpo muere. El hombre de religión que dice, “sólo hay una verdadera enseñanza de lo que le sucede al alma después de la muerte, y el hombre no puede vivir de nuevo en la tierra,” puede estar equivocado, ya que él tampoco ofrece ninguna evidencia en contra del renacimiento del alma.
--Si los hombres sólo fueran sus cuerpos, nunca podrían sentir como lo hacen; que aunque los seres queridos se han ido de sus cuerpos aún tienen que existir. Es tan parte del hombre sentir que “los muertos” no se han “ido” por completo, como lo es el instinto de amor o deseo por entender. En todas las religiones del mundo, esta creencia natural ocurre en alguna forma —la convicción de que hay en el hombre mucho más que el cuerpo que vemos, y que la persona interior es mucho más importante que el cuerpo - que tiene que continuar viviendo en algún lugar después de que el cuerpo muere. Desde este punto en adelante, el teósofo—esto es, la persona que está convencida de que debe haber una ciencia real del hombre interior, posible para cualquiera conocer---siente que simplemente aceptar o tratar de creer cualquier idea teológica prometiendo una vida futura en el cielo será de poca ayuda. En primer lugar, nadie puede aprender algo ni en el cielo, ni en el infierno, así como comúnmente estos “lugares” se describen, y si pensamos que aquéllos a quienes amamos siempre tienen que ir a un lugar donde ya no pueden explayarse y crecer, la historia es tan triste y desesperada como hubiera sido si dijéramos que nada vive después de que el cuerpo muere.
--La visión teosófica es realmente más antigua que cualquier religión, porque le es natural al hombre. En la antigüedad se mantuvo como el más verdadero pensamiento por los hindúes, egipcios y los griegos—sólo por nombrar algunos— la muerte es simplemente el dormir prolongado, como el que experimentamos cada noche de nuestras vidas, después del cual el alma otra vez despierta en un cuerpo nuevo. A través de los siglos esta idea ha sido expresada por poetas y filósofos. Los escritores teosóficos han llamado a esta idea del renacimiento: “reencarnación”, significando que el alma, o el verdadero hombre, encarna de nuevo en la carne cuando las condiciones adecuadas para seguir cumpliendo con su destino son proporcionadas por un cuerpo nuevo. Los teósofos dicen, entonces, en respuesta a la pregunta, “¿dónde están los muertos?”-- podríamos considerar que --no puede haber tal cosa como alguien “muerto”. El hombre que pierde su cuerpo está, simplemente, de acuerdo a esta visión, descansando—y, tal vez soñando.
--Las más antigüas y más completas teorías sobre los “estados después de la muerte" son aquéllas una vez sostenidas en la India, en los días de una sabia y gran civilización. Hoy en día son expuestas en Teosofía. Las ideas generales que estas antiguas creencias representan parecen haber sido naturales para mucha otra gente quienes eran filósofos en lugar de creyentes en un Dios Personal. Esto es probablemente porque son extensiones de lo que el hombre puede aprender durante la vida acerca de sus propios estados mentales. Las ideas hindúes antiguas acerca del “Devachan”---la tierra de los dioses---significó un estado en que por un tiempo entre nacimientos cada hombre existe a manera divina dentro de su mente sobreviviente. Por otro lado, “Kama-loka”-“el lugar del deseo”-representa una condición de confusión apenas siguiendo justamente a la muerte del cuerpo; donde el alma se está separando de todas las pasiones y los deseos irracionales activos durante la última vida que vivió. Esto es, luchando psicológicamente con varios impedimentos de la naturaleza pasional, finalmente echándolas a un lado, y luego pasando más allá del alcance del estrés emocional a un mundo de ensueño donde las esperanzas y aspiraciones no cumplidas durante la vida son resueltas en una especie de realización. Este periodo de Kama-loka, así como la que le sigue la más feliz condición de ensueño el “Devachan”, se mantiene por ser largo o corto de acuerdo totalmente a la naturaleza de los pensamientos y emociones de la persona en vida.
--Cualquier persona que haya estado gravemente enferma y confinada a una cama por mucho tiempo se encuentra en buena posición para entender esta idea, ya que probablemente pensará en este periodo como una clase de “pesadilla”; arrepentimientos, desilusiones y ardientes ambiciones personales por lograr cosas que su condición le imposibilita realizar. Primero tienden a captar todos sus pensamientos; después puede seguir la calma del pensamiento más constructivo. Los hombres con grandes sufrimientos son muy propensos a ver primero lo peor en ellos mismos y en sus vidas. . .después hacia lo mejor. Y como esto, los hindúes los egipcios y algunos de los griegos enseñaron; el caso después de la muerte del cuerpo. El alma sola con sus recuerdos, lucha primero por liberarse de aquéllos más perturbadores. Esto sugiere lo que el origen de la doctrina católica del purgatorio pudiera haber sido. Después de tal periodo, el “Devachan” de la filosofía oriental llega a entenderse mejor, ya que todos los hombres viven con muchos deseos valiosos y creativos que no les son posible llegar a terminación. Aun éstos son una parte muy real del hombre, y demandan una asimilación mental cuando su logro práctico en la tierra es negada.
--Las ideas del cielo y el infierno, con las cuales la gente en naciones “cristianas” están más o menos familiarizadas, son probablemente los restos ordinarios de ideas filosóficas más antiguas. Si consideramos el cielo y el infierno por ser estados de la mente en vez de lugares, es fácil ver la razón para tales ideas. Ya que en el curso de la vida normal, cada hombre entra periódicamente en estados de gran felicidad y gran infelicidad, y además, mientras está en ellos, está propenso a olvidarse de todo lo demás. En otras palabras, la mente construye su propio mundo. ¿Es entonces raro imaginar que después de la muerte del cuerpo este mismo proceso pueda continuar, aunque en grado más intenso, puesto que ninguna interrupción física es posible?
--Aquéllos que han muerto lógicamente se puede pensar como todavía existiendo en uno de estos estados. Cada estado tendrá la duración que la persona demande de acuerdo a su naturaleza. Aquéllos que con facilidad durante su vida se cansaron de la presión psicológica pueden requerir un largo periodo de reajuste mental, mientras que aquéllos que todo el tiempo parecían tener la energía hasta para entrar vigorosamente en las experiencias más difíciles pueden estar listos para nacer de nuevo en la tierra, en un tiempo mucho más corto. El gran filósofo Platón escribió una alegoría en el último libro de su República acerca de almas preparándose para regresar de nuevo a la tierra. Cada uno, decía, tenía la opción acerca de cuando y donde nacer, pero esa opción siempre tenía que estar de acuerdo con las capacidades y necesidades del alma. Así es que es en realidad asunto de ser atraído en forma natural al medio ambiente que más convenga al alma, como previsto por los padres, la familia, y la nación.
--Sería por lo tanto un error pensar que alguien que toma por verdadera la reencarnación por lo tanto juzgaría a los hombres por sus entornos –un ambiente agradable significando que eran “almas buenas”, y un ambiente desagradable significando que fueron “almas malas.” Los más grandes de los hombres muchas veces toman para sí mismos trabajos y aparentemente sin recompensa, por razones que ellos deben con mayor claridad entender que lo que puedan entender aquéllos que están a su alrededor. Así, lo mismo puede ser para almas que entre nacimientos están descansando: algunas podrían ser atraídas a una familia en situación muy difícil y a sabiendas, tomar tal carga.
--Si en el hombre hay alma, con seguridad no piensa en términos de riqueza material o en ambición personal; ni le importa la parte de la naturaleza miope del hombre.
--Algunas personas han sentido que no podrían seriamente considerar la posibilidad de la reencarnación porque no recuerdan sus vidas pasadas. ¿Y qué decir de las víctimas de amnesia, quienes cargan con los resultados de muchas cosas hechas por ellos en un pasado que no pueden recordar? Si los hombres vuelven a nacer, sería de hecho imposible esperar que un cuerpo completamente nuevo retenga y dé expresión de los detalles registrados por un cerebro físico diferente al de hace cientos de años. La idea que sugiere la reencarnación es que el alma, no el cerebro, es lo que continúa viviendo. ¿Y qué es una “alma”? Si la palabra tiene algún significado, tiene que representar esas cualidades únicas del carácter que nos distingue de nuestros compañeros los seres humanos, más que de cualquier diferencia física. Y nuestras más importantes cualidades no dependen de la memoria del cerebro; nuestras más importantes cualidades son nuestras actitudes de la mente, formadas por medio de experiencias proporcionadas por el cerebro, aunque retenidas como instintos morales en lugar de recuerdos específicos.
--Los recuerdos particulares de un hombre pueden ser casi indistinguibles de los de otro, pero su actitud básica hacia la vida, y el uso que le da a las mismas experiencias difieren enormemente. Cada persona es un individuo distinto, aún en el caso de gemelos, este simple hecho es tan claro en toda la experiencia humana que es un absurdo negarlo. También explicará el porqué con frecuencia estamos tan seguros de que el que muere no está muerto. ¿Por qué debía la cosa más importante de una persona-su individualidad-asumirse perdida?
--Y si se piensa que el carácter esencial de una persona no está perdida--si algún tipo de inmortalidad parece segura--¿qué clase de vida puede nuestra razón aceptar? Para la lógica de la reencarnación fuertes argumentos son proporcionados por las leyes que se observan en la naturaleza. Todo en el mundo natural se desarrolla por esos ritmos de recurrencia que nosotros llamamos los ciclos de las estaciones; cada nuevo año trae a la planta o al árbol una nueva fase de vida y crecimiento. Cada año es “lo mismo”, es la repetición de ciertas oportunidades para el crecimiento que existieron antes, aunque ninguna planta o ningún árbol es el mismo en estatura a como lo estaba antes de que empezara la estación. La aparición de muerte que viene con el invierno no mantiene la vida escondida dentro del árbol sin lograrse en la próxima primavera.
--Así parece ser también con el crecimiento mental del hombre; día a día él regresa a las mismas condiciones generales de la vida, con cada nueva repetición de oportunidad aún él puede crecer de talla moral interior. Todo aprendizaje es cíclico. Con frecuencia fallamos en entender el significado completo de una experiencia hasta haberla pasado muchas veces. Las doctrinas orientales de karma y reencarnación responden a un común sentimiento humano--lo que fallamos por aprender en el primer intento--, la mente puede en algún lugar o algún tiempo captar con mayor firmeza y entenderla correctamente. Este pensamiento de muchas vidas o ciclos de crecimiento para cada hombre brinda a las potencialidades humanas el más amplio horizonte, y por este solo hecho es de imaginarse lo más natural.
--Aquéllos que en sus mentes sostienen la idea de reencarnación perciben que les brinda calma, y que la idea es sensata. La muerte no debe ser temida ni envidiada. Los “muertos” no son ni más, ni menos grandes que aquéllos de nosotros que estamos ahora vivos. Los muertos de nuevo vivirán y nosotros de nuevo moriremos, siempre las mismas personas reales que nosotros mismos causamos ser, aunque siempre expresando diferentes partes de nuestras naturalezas en diferentes estados y condiciones de conciencia. Por otra parte es posible pensar que nosotros podamos estar reunidos con aquéllos que hemos amado, cuando hay una razón lo suficientemente fuerte para que esto ocurra; y que podamos nacer en el medio ambiente que nos ayudará a encontrarnos de nuevo en otra vida. Mientras tanto, puede ser que ocasionalmente vayamos a experimentar una forma diferente de “contacto” con alguien que ha “muerto”, si nuestros propios pensamientos y sentimientos tienen la posibilidad de alcanzar el mismo estado en que la otra mente existe, puede haber un fuerte sentimiento de comunión, traducido por nosotros en extrema felicidad y sueño vívido.
--Todas las afirmaciones hechas por los médiums y las sesiones de espiritismo de que pueden “hacer contacto” son de alguna manera no convincentes, ya que ninguna de estas pretendidas comunicaciones en ningún tiempo parecen dar el sentimiento de la presencia viva de la persona que ha muerto, como lo hacen los sueños vívidos. El médium puede tropezar sobre la atmósfera de impresiones confusas abandonadas por el alma en su temprana etapa de lucha después de la muerte por lograr estar más allá de la “influencia” del mundo físico, pero ninguna comunicación espiritista es, o nunca ha sido, de inspiración o de creatividad. Lo que sea que el médium contacta no es el hombre, la mujer, la criatura que conocimos o por quien sentimos afecto, como tampoco lo es el cuerpo que ha sido enterrado o cremado.
--El contacto real entre cualquiera de dos amigos, vivo o “muerto”, es el contacto de mutuo entendimiento, amor y la fuente de inspiración por cosas que valen la pena llevar a cabo en común. ¿Por qué no puede ser posible para estas relaciones pasar sin problema a través de la muerte, y de regreso de nuevo a la vida? Tal como es. . .tal vez sea la enseñanza más sabia, de todas las épocas, porque es a la vez la más natural y la de mayor esperanza.
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*What is Death?, ¿Qué es la Muerte?
Párrafos traducidos de las páginas 3 a 14, panfleto de United Lodge of Theosophists, ULT.
En biblioteca el libro: "La Clave de la Teosofía", de Helena P. Blavatsky explica entre otras cosas los estados después de la muerte. También a sus órdenes en biblioteca y enlaces de la página, libros y artículos sobre el mismo tema de autores teosóficos como William Q. Judge, G. de Purucker, Robert Crosbie y otros.
Gracias.
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Poema:
NO ES QUE HAYAN MUERTO: SE FUERON ANTES. . .
Lloras a tus muertos con desconsuelo tal,
que no parece sino que tú eres eterno.
NOT DEAD, BUT GONE BEFORE, dice bellamente
el proloquio inglés.
NO ES QUE HAYAN MUERTO: SE FUERON ANTES.
Tú impaciencia se agita como loba hambrienta,
ansiosa de devorar enigmas.
¿Pues no has de morir tú un poco después y
no has de saber por fuerza la clave de todos los
problemas, que acaso es de una diáfana y
deslumbradora sencillez?
SE FUERON ANTES… ¿a que pretender
interrogarlos con insistencia nerviosa?
Déjalos siquiera que sacudan el polvo del camino.
Déjalos siquiera que restañen en el regazo del
Padre las heridas de los pies andariegos…
Déjalos siquiera que apacienten sus ojos en
los verdes prados de paz…
El tren aguarda… ¿por qué no preparar tu equipaje?
Ésta sería más práctica y eficaz tarea.
El ver a tus muertos es de tal manera cercano
e inevitable, que no debes alterar con la menor
festinación las pocas horas de tu reposo.
Ellos, con un concepto cabal del tiempo, cuyas
barreras traspusieron de un solo ímpetu,
también te aguardarán tranquilos.
Tomaron únicamente uno de los trenes anteriores…
NOT DEAD, BUT GONE BEFORE…
Amado Nervo (1870-1919),
poeta mexicano, nació en Tepic, Nayarit.